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La newsletter de quienes forman parte de la red
de Terra Madre, que unidos defienden la agricultura,
la pesca y la ganadería sostenible



 
 


Terra Madre en el campo

El orgullo de los productores de Missira, Malí

Los mercados campesinos son lugares de encuentro e intercambio directo entre los pequeños productores agrícolas, que con frecuencia tienen dificultades para acceder a los canales comerciales convencionales, y los consumidores. Los productos en venta están muy vinculados al territorio (son típicos y está cultivados en la zona geográfica próxima al mercado) y siguen el ritmo de las estaciones.
En Malí la Fundación Slow Food para la Biodiversidad, gracias a la aportación económica del convivium Slow Food de Brescia (una ciudad del norte de Italia), acompaña y sostiene desde 2006 a la asociación Yeelen en la realización del mercado de los productores en el barrio Missira de Bamako, capital del país. La iniciativa surgió a partir de la colaboración con Aminata Traorè, ex ministra de Cultura de Malí además de fundadora del Forum Social africano, que ha propuesto reestructurar este antiguo mercado y se ha comprometido directamente en el proyecto.

En su configuración actual el mercado de Missira es el orgullo de los productores, que por fin se hallan al abrigo del sol y del viento. El mercado ofrece a los compradores de Missira, de Bamako y de otras ciudades, un ambiente más salubre, donde los productores están instalados correctamente, a salvo de insectos, de la intemperie y de otros factores negativos. Los resultados más apreciados de la rehabilitación del lugar, los que más sorprenden a los visitantes, son la ausencia de fango y aguas estancadas y la disminución consistente de moscas y mosquitos.

El pequeño mercado de Missira, adecentado, embellecido e integrado en un marco urbano más agradable, es ahora un lugar de referencia para el intercambio, la información, la educación y la distribución de productos sanos y naturales, además de un escaparate para tecnologías de bajo coste. Las labores, en efecto, se realizaron con materiales y técnicas locales, un hecho que animó a la población local, que ahora tiene una mayor confianza en la posibilidad de mejorar su ambiente de vida mediante inversiones financieras relativamente modestas.

Para contactar con la asociación Yeelen, escriban a:
famapemissira@yahoo.fr




Ciudad y campo en EE.UU.: ida y vuelta


John Peterson es un campesino del medio oeste de Estados Unidos que ha vivido en su propia piel las pasiones, las esperanzas y las amargas desilusiones que han caracterizado las etapas más recientes de la historia social de este país.

Crecido en una familia de tradición campesina, entre campos y animales de granja, de joven participó con entusiasmo en el movimiento hippy, y después se dedicó a la finca familiar según los dictámenes de las políticas agrícolas de los años setenta: expansión y cultivos intensivos. Tal y como sucedió a tantos otros de sus conciudadanos, este género de inversión lo llevó, a comienzos de los años ochenta, a endeudarse hasta el punto de perder gran parte de las tierras.

Hasta 1990 no pudo John reencontrar la fuerza para regresar al campo, pero esta vez con otras intenciones. Con mucha paciencia comenzó a cultivar variedades de hortalizas primero según métodos biológicos y después biodinámicos, pero ante todo puso en marcha una actividad agrícola inédita, compartida con toda la comunidad. John, en efecto, comprometió en el cuidado y recolección de las verduras a quienes habitualmente se limitan a adquirirlas: los habitantes de la ciudad.

El número de familias que desde Chicago y otros lugares acudían a la “Angelic Farms” para ayudar a John a preparar lo que más tarde dispondrían en sus platos –con niños crecidos en contextos urbanos que poco a poco se familiarizaban con hortalizas e insectos de la tierra-, ha aumentado de continuo hasta hacer de esta granja una auténtica CSA (Community Supported Agriculture), donde las personas que viven en la ciudad recuperan esa relación con el campo y con quienes lo trabajan que habían perdido a lo largo de los últimos decenios.

Para animar a otros campesinos obligados a afrontar dificultades similares, John ha relatado su experiencia en el film documental The Real Dirt on Farmer John (La puerca verdad sobre el granjero John), rodada por su amigo Taggart Siegel en 2005.

Para una mayor información:
Sitio de la granja agrícola de John Peterson: www.angelicorganics.com
E-mail: csa@angelicorganics.com
Sitio del film The Real Dirt on Farmer John: www.farmerjohnmovie.com



  Las Community Supported Agriculture (agricultura sostenida por la comunidad) es un modelo económico relativamente para la agricultura – empezó a desarrollarse en EEUU en la segunda mitad de los ochenta –, en el que los consumidores invierten directamente en la granja agrícola, convirtiéndose en una suerte de “accionistas agrícolas” por cuanto comparten los riesgos y los beneficios de la producción alimentaria. Los socios de la CSA pagan por anticipado los costes de la producción, y reciben a cambio un suministro regular de fruta y verdura estacional, cultivada mediante métodos biológicos, y/o carnes de alta calidad. En cualquier caso, los socios participan en las mismas actividades agrícolas.
Mediante la venta directa y el pago anticipado, campesinos y ganaderos reciben remuneraciones más justas, no han de hacerse cargo de costes de mercadeo y de relacionarse con la gran distribución, y ya no se encuentran solos frente a sucesos negativos que pudieran arruinar la labor de un año entero: enfermedades de las plantas o de los animales, invasiones de insectos, adversas condiciones meteorológicas.
Si bien diversas, todas las formas de CSA se basan en un compromiso compartido para la construcción de un sistema agrícola más justo y orientado hacia lo local, que permite a los productores concentrarse en el cultivo de las tierras o el cuidado del ganado, y de mantener pequeñas y vitales granjas productivas.
 
 

Una Mirada a...

Compras solidarias

Cuando la ciudad se encuentra con el campo y dialoga con él, la agricultura puede reencontrar su rostro humano. Consumidor y productor pueden ponerse de acuerdo, mirarse a los ojos y optar por instaurar una relación económica basada en la confianza, gestionada a nivel local.

Este sistema, tan ancestral como innovador, renació en Japón hace más de 40 años por voluntad de un grupo de mujeres, alarmadas ante el riesgo de envenenamiento provocado por la desconsiderada cantidad de pesticidas utilizada en los cultivos. Ante tal situación, frente a la agroindustria y a las crecientes importaciones de alimentos optaron por apoyar la producción de pequeñas granjas locales. Teikei: así se denomina esta forma de estrecha colaboración; el nombre significa “poner el rostro del agricultor en el producto”. El concepto de sostén colectivo a la agricultura campesina dio la vuelta al mundo en los años ochenta y noventa, enriqueciéndose con nuevos contenidos y adaptándose a diferentes realidades: de la CSA estadounidense y canadiense a las diversas experiencias europeas de grupos de compradores.


Desde Francia, consejos útiles para la compra

En 2001, Daniel y Denise Vuillon crearon en Francia la primera Amap (Association pour le Maintien de l’Agriculture Paysanne –asociación para la salvaguardia de la agricultura campesina-): Les olivades, y favoreció después la constitución de una red de experiencias y la difusión del modelo en todo el país. Ambos agricultores hablan de su huerto en los alrededores de Tolón como de un pequeño oasis lamido por la feroz urbanización contemporánea: una de las características principales de las Amap es justamente la proximidad, la cercanía física entre ciudad y campo, productores y consumidores.

La agricultura de las Amap es una actividad a pequeña escala en la periferia urbana que –por su propia razón de ser- presta una atención constante a la calidad del producto. Son de hecho los mismos consumidores, reunidos en colectivos, quienes contactan, escogen y controlan la obra del productor, con el que establecen un contrato de economía solidaria. El grupo de consumidores decide pagar la producción agrícola de un año por anticipado; el agricultor, por su parte, se compromete a suministrar una cesta de productos del momento semanalmente: juntos comparten los riesgos vinculados con la producción (hielo, granizadas, parásitos…). Es una economía solidaria donde la ética de la producción y la ética social se hallan integradas.

Para contactar con la Amap Les Olivades, escriban a:
Denise Vuillon
denise@olivades.com



Slow Food
en dos palabras

Coproductor

Slow Food promueve una orientación nueva al consumo alimentario, bien diverso del pasivo y desinformado que puebla ciudades e hipermercados: un enfoque basado en el conocimiento de los alimentos, de las técnicas de producción, de los productores.

Para destacar que el consumidor puede estimular cambios determinantes en el sector agroalimentario, Slow Food ha acuñado el término de coproductor. Con esta palabra se entiende un consum-actor que mantiene una relación estrecha con los campesinos, los pescadores, los ganaderos, los productores de vino o queso, a los cuales no sólo compra, sino que solicita información y consejo para reconocer diferencias cualitativas y nutrirse de manera más sana, gustosa y responsable. Gracias a consumidores avisados, a coproductores de hecho, el agricultor se halla más motivado para trabajar con técnicas tradicionales que garantizan la biodiversidad de los productos y su calidad.


Mercados de la tierra

Gracias al apoyo de la Región Toscana, Slow Food Italia y la Fundación Slow Food para la Biodiversidad onlus están desarrollando un proyecto de recuperación y puesta en red de mercados campesinos de todo el mundo, denominado Mercados de la tierra. El objetivo es sostener la economía local respetuosa con la calidad alimentaria, de mínimo impacto sobre el ambiente en lo que respecta a las fases productivas y distributivas, y deferente con los derechos que regulan una sociedad igualitaria y justa. Los Mercados de la tierra se sirven de una precisa reglamentación, definida por la Fundación, que aclara las delimitaciones: participan sólo productores, se venden sólo productos locales y sostenibles, el mercado debe funcionar al menos una vez al mes, etcétera. En Italia el proyecto está en fase de realización: antes de 2008 toda coordinación regional de la asociación Slow Food (20 en total) activará un mercado en su propia zona. Las asociaciones nacionales y los grupos locales de Slow Food en el extranjero, están invitados a colaborar con la Fundación para la Biodiversidad para poner en marcha mercados campesinos en otros países y replicar la experiencia exitosa de Missira en Malí.

Para una mayor información sobre el proyecto Mercados de la tierra, escriban a:
Alberto Arossa
a.arossa@slowfood.it  


Voces de Terra Madre

  Contrariamente a lo que se cree, la alta cocina no es elitista y poco solidaria. La alta cocina debe formar parte de Terra Madre, comunicar a su modo cuán maravilloso es este proyecto y ayudar, como siempre ha hecho, a los pequeños productores. Queriendo, puede hacerlo aun sólo por egoísmo: para conseguir los mejores productos siempre. En Europa, con frecuencia los restaurantes de alta cocina gozan de relaciones privilegiadas con los pequeños productores de su territorio. Mi sueño es que suceda lo mismo en todos los países de Terra Madre.  
     
  Ferran Adriá,
Ceremonia de clausura de Terra Madre 2006
 
 


Tradiciones alimentarias


Un signo de interrogación para responder a los niños


"Me llamo Bineta y soy una de las 1.000 cocineras (¡y cocineros!) de Terra Madre. Soy senegalesa y en la calle Amadou Assane Ndoye de Dakar tengo un restaurante que se llama 'Le ?' (el signo de interrogación). Es muy sencillo y discreto, una excepción en el caos de la capital de mi país, donde el modelo para los restaurantes con esperanza de éxito es el internacional inspirado en las cocinas europeas. En mi 'Le ?', sin embargo, he decidido hacer las cosas de manera distinta. Uso sólo ingredientes comprados directamente a los productores locales y sirvo únicamente platos tradicionales, por ejemplo el thiof (Epinephelus aeneus) –nuestro pescado más gustoso-, el cuscús de mijo rojo y el cuscús de fonio, un cereal de sabor delicado, indicado para quien sufre de diabetes.

Nuestra cultura alimentaria es rica y compuesta; es un verdadero pecado que alimentos nutritivos y sabrosos caigan en el olvido. Me disgusta que nuestros niños terminen por comer comida basura, igual en todo el mundo. Por eso en mi pequeño restaurante he convocado a los alumnos de las escuelas elementales de Dakar. Junto a los cocineros se abren camino en la cocina y aprenden a reconocer las diferentes materias primas. Estructuramos las cenas como degustaciones guiadas: explicamos a los muchachos las características de los productos y de los métodos de preparación, y también las tradiciones ligadas a los alimentos que comen. Utilizamos también juegos participativos en los que los niños ponen a prueba todos sus sentidos.

'Comer local, comer senegalés' no es un eslogan publicitario: el signo de interrogación es una realidad. Espero que poco a poco también lo sea en las casas de mis pequeños cocineros-clientes."

Bineta Diallo
Mail: restaurantmdioh@yahoo.fr

  El fonio (Digitaria exilis) es la más importante de un grupo de especies salvajes y domesticas de Digitaria que se recolectan en las sabanas del África occidental. En esas regiones el fonio tiene una importancia notable porque, aparte de ser nutritivo, tolera climas semiáridos, se adapta a suelos pobres y es uno de los cereales que crece con mayor rapidez en el mundo: madura en 6-8 semanas. Los granos se usan para hacer papillas de harinas de cereales, en el cuscús y también para elaborar cerveza y pan.
Según la mitología del pueblo Dogon de Malí, el creador supremo, Amma, formó el universo tras hacer estallar un grano de fonio en el interior del “huevo del mundo”.
 
 
  ¡CUENTEN USTEDES TAMBIÉN SUS TRADICIONES!
Describan su comunidad, háblennos de sus platos típicos y de cuándo los comen. Aparecerán en esta sección. Escriban a: communication@slowfood.com
 
 
 

Restituyamos a la comida su rostro humano

Community Supported Agriculture, mercados campesinos, Amap o grupos de compradores solidarios: llámense como sea, representan todos ellos formas nuevas de economía local, de economía alimentaria. Sí, economía alimentaria, economía gastronómica, porque han apostado por la recuperación de las condiciones de los productores y también por las que afectan a los coproductores (ver sección sobre los coproductores, n. del r.). Dos figuras que se han alejado en una cadena alimentaria que en el curso de los últimos 50 años se ha progresivamente despersonalizado, alargado, ocultado, a veces hasta el límite de lo misterioso. Con el resultado de que quien produce los alimentos y quien los come han dejado de conocerse, hablarse, verse, estrecharse las manos.

Si la comida es cultura, es identidad, ¿cómo puede no permanecer lo más directamente posible vinculada a quien le ha dedicado tiempo y cuidados para que finalmente llegara a nuestras mesas? Creo que esta exigencia de una mayor humanidad en el seno del mundo de la comida, se hallaba presente ya en el manifiesto fundacional de Slow Food, que exaltaba la sociabilidad y un enfoque más slow a las relaciones humanas. Ahora, con Terra Madre, está todo más claro.

Pero acortar esa cadena no significa sólo acercar a los principales sujetos implicados en la alimentación, significa construir economías locales más prósperas, significa respetar más el ambiente, significa crear cultura con respeto por las diferentes identidades. La red de Terra Madre debe incluir entre sus objetivos principales justamente esto: restituir a la comida su dimensión humana para que pueda devenir, o volver a ser, un instrumento ecológico y de placer, de rescate social y económico.

Acortar la cadena no significa formar filas contra la gran distribución, significa construir una alternativa real al sistema global de la comida, que ha perdido en primer lugar su dimensión humana. No significa hacer la guerra a algo o a alguien, sino construir la paz, porque la comida es la diplomacia de la paz. Y salvarla, preservarla en sus dimensiones culturales, sociales y ecológicas, significa trabajar por algo que vaya realmente en busca de un mundo más feliz.

Siempre a partir, slowly, de nuestras comunidades, de quien y con quien nos hallemos más cercanos.


Carlo Petrini

 
 
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Celebre el placer que nos ofrecen los mejores alimentos del mundo en toda su variedad
servicecentre@
slowfood.com

 

Envíen sus demandas y sus comentarios, escriban sus historias y experiencias: nosotros las
relataremos aquí.
communication
@slowfood.com
 
hallarán, entre otras
cosas, fotos y registros audiovisuales de
Terra Madre 2006.
 
 
 

 

Pregunta respuesta

 
No creo que se pueda hablar de comunidad local, o de economía local, en mi región o en mi país. Creo que este concepto sólo puede aplicarse en el ámbito de los países europeos.
 
 
Teresa Corção
Cocinera brasileña de Terra Madre
tcorcao@terra.com.br
 


El concepto de economía local no tiene un modelo único. Se adapta a realidades y áreas geográficas específicas. Lo que no cambia es la idea de fondo: reforzar y difundir una conciencia que se oponga a las lógicas de producción masiva y de estandarización de los gustos y de las culturas. No se trata de construir una nueva entidad, sino de poner en marcha actividades y proyectos que consoliden los vínculos y la colaboración entre quienes habitan en una cierta región y le confieren su singularidad: productores, consumidores, escuelas, hospitales, institutos de investigación, autoridades políticas, medios de información, organizaciones de la sociedad civil. Promover las comunidades y las economías locales significa ante todo tener una atención particular por el propio territorio y comprometerse para que otros compartan esta visión.

Esto es posible en cualquier lugar y también es necesario: sólo por ese camino los productos regionales pueden diferenciarse y continuar existiendo. En la producción masiva, de hecho, las ventajas competitivas pasan rápidamente de un país a otro y no ofrecen garantía alguna a largo plazo para los productores, sin contar el resto de costes ambientales y sociales que este sistema compor.

 
 
¿Lo sabían?


Zanahorias para todos los gustos en Nueva York


En las escuelas de Nueva York se comen bastantes zanahorias. El asunto es que mientras a pocos pasos de la ciudad se cultivan algunas deliciosas, los estudiantes comen un tipo que llega de zonas lejanas del país.

El campesino Richard Ball, que detenta una granja agrícola justo en el Estado de Nueva York, ha hecho de esto casi una cuestión de principios y ha comenzado a dialogar con los responsables de los programas alimentarios de las escuelas de la Gran Manzana. Los obstáculos burocráticos que han obstruido el camino a sus zanahorias pueden parecer peregrinos: las hortalizas frescas requieren demasiado esfuerzo de preparación y son, por tanto, logísticamente difíciles de tratar, le ha respondido alguno. Richard, sin embargo, no se ha dado por vencido y junto a Karen Karp, asesora alimentaria sensible a esta cuestión, ha encontrado la forma de vender a los comedores escolares su variedad Nantes.

Confeccionadas en forma de pequeños conos derrocha una cantidad mínima y a su vez las hace apetecibles aun para los directores de escuela, que finalmente han concedido las necesarias autorizaciones. Un pequeño paso para reducir las “food miles” (distancias recorridas por los alimentos que provocan una grave contaminación) y ofrecer a los jóvenes estadounidenses una comida más fresca y sana.


Aviso para todos los interesados en el tema de los OGM

El 5 y 6 de diciembre se realizará en Bruselas un encuentro organizado por la Red de las 42 regiones europeas libres de OGM y el Comité de la Regiones europeas, que reunirá a productores que ofrecen soja no modificada genéticamente y a sociedades interesadas en adquirirla.

Si desean una mayor información:
www.gmofree-euregions.net

¡Continúen las discusiones sobre los OGM en el blog de Terra Madre!